A propósito del Certificado Energético

junio 25, 2013
Certificación Energética

A propósito del Certificado Energético

Finalmente, después de muchas demoras, se ha publicado el R.D. 235/2013 por el que se aprueba el procedimiento básico para la Certificación de la Eficiencia Energética de los Edificios. Su fecha de entrada en vigor fue el 1 de junio de 2013.

Se trata de la trasposición y el refundido de diversas Directivas Europeas y Reales Decretos anteriores y su finalidad es establecer la obligación por parte de los vendedores o arrendatarios de edificios o partes de estos de poner a disposición de los compradores o usuarios de los mismos un Certificado de Eficiencia Energética.

La función de este Certificado es incluir información objetiva sobre la eficiencia energética del edificio en cuestión, con los siguientes fines:

-       Que los propietarios o arrendatarios de dicho edificio o de una unidad de éste puedan comparar y evaluar su eficiencia energética.

-       Favorecer la promoción de edificios de alta eficiencia energética y las inversiones en ahorro de energía.

-       Informar de las emisiones de CO2 por el uso de la energía proveniente de fuentes emisoras en el sector residencial.

-       Adoptar medidas para reducir las emisiones y mejorar la calificación energética de los edificios.

Como se puede ver, esta Certificación no es sólo útil, sino que resultaba necesaria si queremos que nuestros actuales edificios cumplan unas mínimas exigencias de ahorro energético y calidad. Pero para que la Certificación tenga sentido, es preciso hacerla bien.

¿Y cómo hacer bien una Certificación Energética? Pues teniendo en cuenta tres premisas fundamentales:

a)    Que el autor debe ser un técnico acreditado (para edificios residenciales, arquitecto o arquitecto técnico).

b)   Que la Certificación se debe llevar a cabo mediante un estudio serio, lo que incluye una recopilación previa de datos, por supuesto las visitas necesarias a la finca para estudiar su configuración (no tiene sentido una Certificación elaborada “a distancia”) y, por último, el consiguiente trabajo de gabinete.

c)    Y, finalmente, algo que hace definitivamente imprescindible que el certificador deba ser un técnico experto es la parte final del Certificado. En ella se deben indicar una serie de mejoras técnicas cuyo objetivo es aumentar al menos en dos grados el nivel de eficiencia energética actual del edificio. Es fácil entender que alguien que no tenga conocimientos de construcción residencial difícilmente podrá saber si para ello resultaría más interesante, por poner un ejemplo, aislar la cubierta del edificio o colocar una caldera de biomasa.

En resumen, una Certificación bien hecha supone sin duda un mayor grado de conocimiento de los edificios y, por supuesto, de su eficiencia energética. Con esta información podremos ver cómo en muchas de nuestras casas y con una inversión económica moderada se puede conseguir un aumento de la eficiencia energética importante. Y ello redundará en la salud de nuestro planeta, lo cual a estas alturas ya no es un objetivo romántico sino que se ha convertido en una necesidad perentoria.

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